viernes, octubre 24, 2008

RITUAL DE LLOVIZNAS

Pretendo traspasar este otoño confuso

y en tus manos-vasija

depositar los diluvios de la niñez,

territorio en el que las ilusiones vuelan gozosas

y en donde el destino que nos fuera prometido

lucirá para nosotros.

Pero sucede que

-por veredas adiestradas para los chubascos-

un embajador de aguas

sólo me lleva por este ritual de lloviznas.

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He vuelto a la casa en la que los fantasmas renacen de sus cenizas

para recordarme que murió el amor.

Aquí no hay nadie ni nada que recordar

y he de borrar de la memoria el valle de los cerezos

en el que ahora no queda más que una sepultura.

Reza por mí, clepsidra de horas simples como siseos ladinos.

Pero ahora

-por atajos instruidos para los aguaceros-

un embajador de aguas

sólo me acerca a este ritual de lloviznas.

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Ha crecido la mala hierba y es necesario desarraigarla.

El tejado de la casa de al lado se derrumba ante los ojos

que pensaba arrinconados

y miran desde las traviesas del cercado.

Es huera la esperanza de que al otro lado del arroyo

chispee una tímida estrella.

Pero hoy

-por senderos impuestos para los temporales-

un embajador de aguas

viene a entregarme este ritual de lloviznas.

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Tú apareces como en sueños

-embajador de aguas-

vadeando todos los otoños

por caminos entrenados para los chaparrones.

Juntos prenderemos el fuego que nos abrigará en invierno

y concebirán ocasos tibios nuestros cuerpos

-como lluvia de niños en tus manos-vasija-

Al alba sabremos que el pan y la sal

guardan todos los secretos

de este ritual de lloviznas.

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© MAR – 24/10/08