Sopla el viento en los valles,
azota en las anémicas cañadas,
zarandea dunas y collados a su paso,
trastorna,
y tropieza allá, en el fondo del barranco,
con mi sueño expatriado.
Pero me crezco entre aves y raigambres
-serenamente recias e inmortales-
con la vital necesidad de mi existencia
y tu nombre.
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© MAR – Mayo2009


